5 situaciones en las que es de mala educación usar el celular

Es lo primero que miramos al despertarnos y lo último antes de irnos a dormir. Nuestros teléfonos móviles casi nunca están fuera de nuestro alcance. Según el regulador británico de la comunicación, Ofcom, los revisamos cada 12 minutos.

Es una historia de amor que parece que va a durar. Así que será mejor poner algunas normas...

Estas son algunas de las situaciones que, según los expertos en protocolo, se vuelven groseras cuando hay un teléfono de por medio.

1. Usar el celular a la hora de comer

La mayoría de la gente (un 81%, de acuerdo con un informe reciente de Ofcom) lo considera de mala educación. Pero muchos nos hemos visto más de una vez en esa situación.

"Siempre deberían estar apagados y fuera de vista durante comidas, reuniones y fiestas", le dice a la BBC la experta en protocolo Diana Mather.

"La persona con la que estés debería ser lo más importante".

Y si necesitas pruebas del impacto que el uso del teléfono puede tener en las relaciones, toma como ejemplo al equipo de fútbol de Inglaterra que, aclamados por el espíritu de equipo, dejaron sus celulares a un lado durante los almuerzos y llegaron a las semifinales del Mundial. ¿Coincidencia? Bueno, tal vez.

Incluso mirar la pantalla a la hora de cenar es inaceptable para muchos, sobre todo para quienes tienen más edad.

2. Escuchar música a alto volumen en el transporte público

Ese pequeño zumbido que se escucha a través del altavoz del teléfono móvil en el autobús, en el metro o en otros espacios públicos se conoce como sodcasting.

Y se aplica a ver videos, jugar a videojuegos o escuchar música.

Pero aunque a la gran mayoría de las personas les molesta esa situación, sigue siendo bastante habitual.

3. Prestar atención al teléfono cuando te están hablando

Estás en la caja registradora, pero hablando a la vez por teléfono, ¿cuelgas, dices con educación "buenos días" y colocas tu compra en la cinta, o sigues hablando como si nada?

Para muchos dependientes de comercio, recepcionistas y meseros esta situación es una fuente constante de frustración.

"Escribir mensajes y tener una conversación con alguien a la vez es de muy mala educación", dice Diana Mather.

"Todavía somos animales: las feromonas, el carisma, el aura... Si no nos centramos el uno en el otro, perdemos una gran oportunidad de conocernos mejor", explica la especialista.

4. Escribir mensajes mientras caminas

Tienen la cabeza hacia abajo, los ojos pegados a la pantalla. Y se cruzan en tu camino.

Por dentro estás gritando: "¡Mira hacia arriba!" Pero no. Vuelven a mirar hacia el pavimento de nuevo, sorteando a otros peatones en el camino y sin despegar la vista del teléfono.

El usuario de Twitter @tiredhorizon tiene una advertencia pública para ellos. Por favor, no usen sus teléfonos en espacios públicos, hospitales y cerca de camiones en reversa.

Y asegura que ha tenido que mover grandes contenedores para que la gente no se choque con ellos, o avisarles de que un celador está empujando la cama de un paciente en un hospital para evitar otro incidente. No es lo ideal.

5. Usar constantemente el celular cuando ves televisión con más gente

Esta norma parece estar sujeta a negociaciones. Cuatro de cada diez personas (un 41%) según Ofcom usan el teléfono cuando están con su familia acurrucados en el sofá mientras ven la televisión.

Especialmente para quienes tienen más de 55 años, esto resulta un problema (al menos para el 62%). No tanto así para los adultos más jóvenes.

Por qué Islandia se convirtió en el lugar con más "minas" de criptomonedas del mundo

La minería de criptomonedas se ha convertido en un gran negocio, pero ¿qué pasa cuando los mineros se instalan en tu ciudad?

Hay cientos de tipos de criptomonedas y los valores de algunas se han ido por las nubes en los últimos tres años.

Una sola Bitcoin, por ejemplo, ahora vale más de US$7.000, cuando solo valía unos cientos de dólares en 2016.

Y eso ha hecho que el negocio de crear nuevas criptomonedas sea potencialmente muy lucrativo.

Crear nuevas unidades de criptomonedas involucra utilizar potencia informática a una escala industrial para resolver complejos algoritmos.

A ese proceso se le llama "minería", y se supone que es una tarea lo suficientemente difícil como para limitar la oferta de nuevas unidades de criptomonedas.

Pero en los últimos años se han estado creando enormes "minas", que albergan cientos de computadoras bajo un mismo techo para crear las monedas virtuales con mucha más rapidez.

Estos centros de datos consumen gigantescas cantidades de electricidad real.

En años recientes han estado apareciendo muchas de estas minas en un país quizás inesperado: Islandia.

Como plataformas de perforación

Entre decenas de naves en una zona aparentemente abandonada un almacén de aspecto normal y corriente alberga una de estas operaciones: una mina de criptomonedas.

Está situada en lo que antes era una zona de asistencia de vehículos de una base militar estadounidense, cerca de Reykjavik, la capital del país.

Ami Jensen, del centro de datos Borealis explica cómo se transformó el edificio para acoger el centro de datos, que ahora está lleno de cables colgantes y estanterías con computadoras.

"Esto es lo que se llama plataformas de perforación gráficas", dice Jensen.

"Tomamos las tarjetas (gráficas) de tu computadora que hacen que funcione la pantalla y lo que hacemos es juntar varias de estas tarjetas, 10 o 15, en un marco. Eso nos permite procesar datos en paralelo, para poder hacer estos algoritmos en paralelo".

¿Por qué Islandia?

Las computadoras se calientan y hay que mantenerlas frías, y ese es un proceso que puede resultar caro.

Afortunadamente para Islandia, la isla está naturalmente bien equipada para lidiar con el problema.

Jensen dice que no es necesario instalar unidades de enfriamiento porque el clima frío de Islandia regula naturalmente desde fuera el calor interno de la "mina".

Eso hace que no sea necesario gastar dinero en enfriar las computadoras.

Solo el mero funcionamiento de las computadoras requiere de muchísima electricidad.

Pero Islandia tiene unas reservas de energía casi ilimitadas bajo su territorio.

Este pequeño país tiene varias plantas de energía geotérmica que utilizan el vapor del agua naturalmente súper caliente para alimentar turbinas que crean gigantescas cantidades de electricidad barata.

¿Un problema?

"Para finales de este año los centros de datos de Islandia utilizarán más energía que todos los hogares islandeses juntos", dice Johann Sigurbergsson, de la compañía pública de energía HS Oska.

Hasta ahora las minas de criptomonedas no han creado muchos problemas para Islandia, un país que obtiene el 100% de su energía de fuentes renovables.

Pero en Plattsburg, Nueva York, la cosa cambia.

Esta ciudad estadounidense tiene acceso a electricidad barata: a un quinto del precio de otras ciudades del país.

Plattsburg tiene una cuota fija de 104 megawatios procedentes de la planta de energía hidroeléctrica de las cataratas del Niágara. Pero recientemente la ciudad tuvo que comprar más energía a un precio más caro, lo que aumentó las facturas de sus residentes.

La presencia de las "minas" puso a la ciudad bajo tanta presión financiera que hace unos meses el alcalde prohibió temporalmente la ceración de nuevos recintos de criptomonedas.

"Ahora mismo en un día cualquiera ya están usando entre un 15 y un 25% de la energía de la ciudad. No solo utilizan una cantidad increíble de potencia, hay además muchas consecuencias inesperadas con las que nunca se han lidiado", dice el alcalde de Plattsburg, Conlin Read, que añade que las computadores generan también una cantidad increíble de calor y de ruido.

Para esta ciudad las desventajas pesan más que las ventajas.

Como las minas son esencialmente automáticas generan muy pocos empleos.

Además, debido a la naturaleza temporal del negocio de las criptomonedas los dueños de las empresas tienden a alquilar las instalaciones en lugar de comprarlas, así que la ciudad no obtiene los beneficios potenciales de los impuestos a la propiedad.

"Yo soy un gran fan de las criptomonedas", dice Read, pero Plattsburgh necesita descifrar cómo resolver los problemas que ahora mismo enfrenta con respecto a la minería de criptomonedas antes de levantar su prohibición y volver a recibir a los mineros en la ciudad.