Coloración para el pelo: tonos y técnicas para renovar el look en la primavera 2018

Las propuestas que tendrán el éxito asegurado esta temporada.

El color de pelo es uno de los elementos más potentes de nuestra imagen y también, uno de los primeros ítems que tenemos en cuenta cuando buscamos un cambio de look.

Además, como sucede con las colecciones de moda, cada temporada las tendencias varían, se agregan nuevas paletas de colores y las técnicas se renuevan.

Para que estés actualizada, te contamos cuáles son los ítems que tendrán el éxito asegurado en la primavera 2018.

Desgastados

"Funcionaron muy bien estas últimas temporadas y seguirán a full. Tienen poco mantenimiento, comparado con la tintura convencional, y la terminación es muy natural", explica el estilista Hernán Vallejo. Las opciones: "con las raíces rubias y el largo que llega hasta casi un blanco (ideal para las más jóvenes) o en un degradé en marrón, desde el más oscuro hasta el más claro (recomendado para las morochas)", agrega Vallejo.

Color plata traslucido

Muy vista en las celebrities y en las pasarelas europeas, "esta es una de las propuestas más osadas. La particularidad es que se lleva con las raíces oscuras, que aportan profundidad. Para lograrlo, se decolora el cabello hasta que quede casi blanco y luego, se aplica la tintura", recomienda el estilista Oscar Fernández Roho, director creativo de la peluquería Roho.

Rubios extremos

"Las que aman estas tonalidades y se animan a la modalidad más desafiante pueden optar por los cenizas más intensos. Las más clásicas, en cambio, por los tintes más naturales con reflejos dorados, que simulen los destellos del sol en la playa", explica Martín Monthelier, técnico de Alfaparf Alta Moda.

Rojos cobres y dorados

"Las melenas cobres y rojizas, mezcladas con transparencias doradas, se posicionan como un nuevo clásico", sugiere Fernández Roho. Una clave fundamental: "no se llevarán los colores enteros si no que tendrán su momento los efectos multidimensionales, con técnicas como el hair contouring (con mechas personalizadas según cada tipo de rostro) y el efecto balayage", completa Fernández Roho.

La gama nude

"Inspirados en los looks de las parisinas, se usarán desde los tonos marrones intensos hasta los beige más suaves. La idea es buscar el tono que mejor resalte las facciones de cada una. Es una alternativa para aquellas mujeres que buscan un tono que no sea demasiado llamativo e igualmente de moda", resume Diego Perla, ID Artist de L'Oréal Professionnel.

Paleta de fantasía

Un ítem que en verano gana más seguidoras. La opción 2019: "los tonos durazno, rosa y las variantes del gris, siempre en cabelleras cortas", opina Fernández Roho.

 

Sartenes: 6 errores que pueden arruinarlas por completo

Descuidos y equivocaciones que dañan sus materiales y las vuelven inutilizables.

La sartén es uno de los elementos básicos de la cocina y aliada fundamental en momentos de apuro. Sin embargo, muchas veces no le prestamos la atención que merece y terminamos por arruinarla por completo.

Con algunos tips muy sencillos, esto se puede revertir y se puede alargar su vida útil.

En el momento de la cocción

1. Utilizar utensilios metálicos

Aunque es un error muy básico, puede suceder por falta de tiempo o distracción. "No hay nada peor que rallarla, por ejemplo, con un tenedor, porque esto daña su película antiadherente", explica Daniel Doménech, presidente de la asociación de fabricantes de equipamientos para hotelería. Lo mejor, entonces, es utilizar un elemento de plástico o madera. También hay que tener en cuenta que "nunca conviene cortar un alimento dentro de este recipiente".

2. Calentarla a fuego muy fuerte

"Si la llama es muy grande, puede suceder que el fuego se vaya hacia la parte exterior de la sartén", dice el chef Salvador Brugués. Esto es también un error fundamental porque esa parte, en vez de calentarse, se quemará. Lo mejor es "reducir el fuego para que caliente justamente la parte de apoyo de la sartén".

3. Dejar que la llama queme la junta del mango

"Normalmente son de plástico, se van desgastando y se terminará desprendiendo", añade Brugués.

4. Dejarla demasiado tiempo sobre el fuego

Si bien es cierto que muchas recetas indicar calentar bien la sartén antes de cocinar, "la sobreexposición al fuego puede quemar la película antiadherente", agrega Domènech. Por eso, no conviene extender el tiempo de cocción ni dejar olvidada sobre la hornalla.

Al lavarlas

5. Colocarle agua fría cuando todavía está caliente

Otro error típico de los momentos de apuro. "Los cambios bruscos de temperatura afectan y le quitan propiedades al antiadherente", dice Domènech. "Si no se deja atemperar, lo más fácil es que la sartén acabe deformándola o, si tiene, que se rompa el difusor de calor", completa Brugués.

6. Lavarlas con virulana

Este objeto abrasivo arrasa con el antiadherente. Lo mejor es lavarla con el lado amarrillo de la esponjita.

Cambiar nuestros hábitos de consumo nos hace más felices

Roberta Paltrinieri es profesora de la Universidad de Bologna. Desde su formación económica y sociológica trabaja en una cátedra dedicada a la felicidad, tratando de entender cómo impacta el mercantilismo tradicional en la plenitud personal.

¿La sociedad de consumo es un destino inevitable? ¿Y si fuésemos hacia una nueva fase de la globalización, hacia otra cosa, un verdadero cambio cultural?

"Si es cierto que para la felicidad lo más importante son las relaciones, la cualidad, es necesario reflexionar sobre el hecho de que el deterioro de los bienes relacionales no es un destino ineludible por cuanto depende de la organización social, cultural y económica del país, las cuales están fuertemente interconectadas", indica Roberta Paltrinieri, autora del libro Felicidad responsable, de próxima aparición en español, en Argentina, editado por Walduther.

Repensar un nuevo modelo de desarrollo y una nueva acepción de crecimiento implica repensar la naturaleza del sistema económico, sin olvidar la importancia de la dimensión cultural.

"Propongo una variante específica del tema de la felicidad: la felicidad responsable -continúa-. Una acepción de felicidad capaz de hacernos entender el problema de un modelo de desarrollo sostenible y orientado a la responsabilidad social compartida, que parta de una madurez responsable de los consumidores, dotados de virtudes capaces de autorregularse, de empresas que apliquen un comportamiento ético en el proceso productivo, de administraciones responsables capaces de generar una ciudadanía responsable. Es un problema que debe ser afrontado a partir de relaciones puestas en acción por sujetos desde las ópticas de la confianza, la reciprocidad y el cambio simbólico".

Crisis como oportunidad

Desde 2010, Paltrinieri dirige Ces.co.com, el Centro de Estudios Avanzado en el Consumo y la Comunicación en el Departamento de Sociología de Bolonia. Allí se ha involucrado en el consumo sostenible, la responsabilidad social corporativa, así como también en modelos y procesos participativos. Su disparador tuvo lugar en medio de la crisis europea del 2008. Logró visualizar que aún en situaciones complejas en términos económicos, algunos sujetos conservaban cierto nivel de plenitud. "Me di cuenta -explica- que esas personas tenían buenos vínculos afectivos con otros. En cambio, aquellos más deprimidos eran los que ataban su realización al consumo. El problema no se basa en poder o no adquirir, sino en la compra como rueda, donde es creciente la insatisfacción que el propio sistema promueve".

La felicidad responsable -término que acuñó para su libro- es una manera diferente de pensar sobre el bienestar individual y colectivo. Es una dimensión de la felicidad que supera la dimensión individualista de la búsqueda del placer fundado en la presuposición de una "buena vida" que solo puede definirse si no es relacional. "Es la superación de un modelo cultural que ha convertido el lema 'consumo entonces soy' -enuncia-, el leitmotiv de los últimos treinta años, para ir hacia un modelo cultural que valora las relaciones más que los símbolos de estatus. Es, en resumen, la afirmación de un proyecto de vida de autorregulación en el que el significado último no es la competencia social, sino el bienestar colectivo.

Según la especialista, "la felicidad responsable encuentra una hélice en la crisis económica, por lo que la crisis puede ser una oportunidad". Sin embargo, para Paltrinieri hay algo más que simplemente la capacidad de comprar: "existe una conciencia cada vez mayor de defender nuestro planeta a través de comportamiento de consumo sostenible y estilos de vida sobrios".

Estima que es preciso correrse de un modelo repitente. "En este momento de crisis económica, ambiental, social y cultural, hay muchas propuestas. El decrecimiento, el crecimiento posterior, la prosperidad sin crecimiento son todas correcciones del modelo de crecimiento "actual". Desde mi punto de vista, los efectos de una "cultura de responsabilidad" surge de consumidores virtuosos, capaces de reflexionar sobre el hecho de que reducir drásticamente su propio consumo voluntario no significa renunciar a mejorar la verdadera calidad de vida, medida por salud, felicidad, amistad y sentido de comunidad, empresas que aplican un comportamiento ético al proceso de producción, conscientes del impacto en el territorio, con administraciones responsables capaces de producir una ciudadanía responsable".

Consumir menos, vincularse más

Cuando comenzó a rondarle la idea de la compra compulsiva como camino a un supuesto estadio de felicidad, comenzó por mirarse a sí misma. Asegura que su placard guardaba indumentaria para otras tres personas. Allí decidió no comprar más, al menos por un tiempo. De allí pasó a analizar otros consumos familiares. "El objetivo que impusimos en casa no fue gastar menos, sino no derrochar recursos", afirma. Este análisis coincidió con aquél momento de crisis del 2008. Se volvió más introspectiva en sus vínculos y relaciones: "mi casa se convirtió en centro de encuentro de nuestros amigos y familia". Al poco tiempo percibió que compraban menos cosas, pero eran más plenos. Pero también aprendió que no se trata de uno solo. "La felicidad es un recurso colectivo", sostiene. Allí hay un puente hacia el concepto que promueve: la mirada individual no trasmuta en felicidad responsable. Lo es si se trabaja en comunidad.

La "sociedad de la abundancia" como la expresa Paltrinieri, aquella donde como nunca antes las personas cuentan con accesibilidad a la propensión a consumir a partir de los mecanismos de la globalización, es una construcción a partir de la riqueza económica y la pobreza de los vínculos reales. Dónde, a la vez, "se exhibe el valor del tener que retroalimenta para unos y otros la sensación de insatisfacción". La gente no tiene el tiempo suficiente para disfrutar todo aquello que muestra en sus redes... y a la vez pareciera que necesita entablar contacto con una comunidad que lo escuche, de ahí el círculo que la especialista insiste en romper: dejar de acumular, para empezar a crear relaciones.

Es que ya lo decía Aristóteles: "nadie elegiría vivir sin amigos, aunque haya sido dotado en abundancia de todos los demás bienes".