Las mujeres que reivindican sus cuerpos lejos de las dietas y las cirugías estéticas

Están en contra de los cánones que impone en verano.

Empieza el calor y de repente en todos lados escuchamos que tenemos que llegar al verano, como si tuviéramos una enfermedad terminal llamada "panza". Notas sobre dietas, publicidades que se van colando en nuestras redes sociales con planes de ejercicio, centros de estética y hasta cirugías milagrosas que buscan hacernos sentir mal con lo que somos y probablemente sigamos siendo.

¿Por qué de repente el cuerpo que tengo ya no sirve más? Si es el mismo que usé durante el resto del año. Funciona bien, no está roto, pero es como si hubiera pasado de moda y mis caderas tuvieran que ser olvidadas en el fondo del placard junto con la colección otoño-invierno y las poleras de lana.

Mientras tanto el verano parece una amenaza, cercana, tangible y que promete destruir todo lo que conocemos y lo que podríamos conocer si no fuéramos horribles bestias deformes que no merecen ser parte de la temporada de calor. La realidad detrás de todas esas extrañas teorías es que la mayoría tenemos panza, caderas y celulitis que, lejos de ser imperfectas, contienen lo más asombroso y bello que puede haber en todo el mundo: el placer. Porque cualquiera sea el grado de aceptación que pueda tener, nuestro cuerpo disfruta del sol, de una caricia y de un chocolate, creando conexiones infinitas que nos llenan de alegría. Es mágico, y sin embargo nunca lo terminamos de valorar como el milagro que implica, sólo porque resulta que tiene unos centímetros de más o de menos.

"Hay que llegar al verano" no sólo nos habla de una obligación sino también de una dirección, como si tuviéramos la más mínima elección, como si nosotras fuéramos hacia él. En realidad el verano está y llega indefectiblemente, como la vejez. Pero pareciera que jóvenes y con medidas perfectas nos van a querer más. Entonces luchamos hasta con nuestra genética, buscando parecernos a alguien que salió en la tapa de una revista, cuando deberíamos estar tratando de tener una vida más sana para nuestro cuerpo que sí nos va a acompañar el resto de nuestras vidas.

Sin embargo los preceptos de belleza siguen metiéndose en nuestras vidas y quedan tatuados en nuestro cerebro mucho más de lo que quisiéramos o pensamos. Mi abuela fue criada con una premisa que llevó orgullosamente durante toda su vida: ser hermosa. Todas las noches durmió con ruleros, boca arriba y sin moverse ni un centímetro para no desarmar su peinado. Nunca metió la cabeza debajo del agua en la pileta ni en el mar. Se peinaba, maquillaba y vestía elegantemente hasta para ir a buscar el diario a dos metros de la puerta de su casa y vivió evaluando cada bocado que se llevaba a la boca. Sus últimos años los vivió con demencia senil, creyendo que yo era mi madre, sin reconocer a la mayoría de la familia cercana y asustándose cuando despertaba porque no sabía dónde estaba. Sólo hubo una cosa que nunca olvidó: hacer dieta. Era casi imposible que comiera porque su miedo más grande, a los 93 años, era engordar. Cuando cuento esta historia muchos me dicen: "¡qué coqueta! Ya no hay mujeres así". Menos mal, pienso yo, porque desde mi perspectiva se trata de una pobre señora que nunca disfrutó de las cosas más simples de la vida, atada a esa obligación de ser supuestamente perfecta.

Por eso, cuando te digan que así no llegás al verano, para arruinarte un perfecto momento con un helado o un día de fiaca frente a la tele, deciles que para quienes somos realmente grosas, no es necesario llegar al verano, porque el verano viene a nosotras.

¿Silencio interno o diálogo tóxico? Las claves de Oriente para superar los pensamientos ansiosos

Nuestra mente está en contante ebullición. Si creemos que somos eso que pensamos, las filosofías orientales tienen algo para decirnos.

Diálogo interno: dícese de esa voz que permanece activa en la mente, aunque nuestra boca no emita sonido. Para muchas tradiciones chamánicas y orientales, esa actividad constante podía ser tóxica, venenosa o alienante.

Como parte de un entramado mayor, nuestra mente o manas, como se llama en filosofía vedanta, funciona armando líneas de pensamientos como olas en el interior que fluyen de manera constante. Es súper habitual conversar con nosotros mismos, analizando, sacando conclusiones y adelantándonos a lo que vendrá. En esos diálogos internos conviven distintas voces (positivas o negativas). Según el estado emocional o anímico que tengamos, y hasta por cuestiones físicas y químicas del organismo, variará la intensidad del movimiento mental generado.

Podemos experimentar una catarata de palabras, reflexionar con mucha tranquilidad o gozar de unos instantes de silencio. Tanto influye esto en nuestro bienestar, que los antiguos se han dedicado a estudiar estos comportamientos, le han llamado "parásito" o "diálogo interno" a esa voz interna que muchas veces nos distrae de la observación de la realidad concreta que nos rodea.

La mente, la consciencia y las emociones

La mente utiliza un vehículo de proceso y almacenamiento de la información que es el cerebro, pero los científicos tratan de saber en qué parte del organismo se encuentra y no llegan a una respuesta.

Además de la mente existe la conciencia individual, un "yo" que opera por sobre todo. La conciencia es la parte mental asociada con la voluntad de la persona y es la que decide con cuáles de esas líneas de pensamiento que la mente propone, se va a continuar el diálogo. Elije sobre qué tema se va a conversar, qué asunto se va a analizar. En ese sentido la conciencia es el estado superior de la mente concreta. Claro que durante mucho tiempo podemos pensar que estas partes que trabajan coordinadamente son lo mismo, pero no es así. Buena parte del entrenamiento en meditación es acerca de diferenciar estos dos aspectos de "uno mismo": uno es automático y el otro es voluntario.

La mente utiliza pequeñas cantidades de energía en cada uno de los pensamientos que crea. Si esos pensamientos están en fuga permanente, desperdiciaremos buena parte de la energía de nuestro cuerpo: aquella que utilizan los pulmones, el corazón, los riñones y todos los órganos para funcionar.

Si sumamos a esto el componente "emoción" según el tipo de pensamiento evocado, nos damos cuenta de que también se nos fuga energía de esa manera. Si tenemos un pensamiento de catástrofe, disparamos la emoción "miedo". Lo cual implica otra demanda energética mayor.

Esto lo podemos observar cuando pensamos o nos juzgamos negativamente sobre algo, por ejemplo: "no voy a poder hacer ese recorrido", entonces, puede que ni lo comencemos ya que la frustración anticipada limita la acción. El diálogo interno construye realidades que viviremos irremediablemente y la única manera de dirigir ese diálogo hacia el lugar correcto positivo y creativo es observarlo y modificarlo desde su gestación.

El arte chamánico del "acecho"

Una de las forma de avanzar positivamente en el diálogo interno es a través de la técnica del "acecho" descripta por Castaneda en sus libros. En ellos, él cuenta como Don Juan, el mítico chamán, le enseñaba la práctica del acecho para lograr cambiar el punto de encaje de su mente y así, llevar el fluir de los pensamientos hacia el lugar que deseaba.

"Acechar" es prestarle atención a nuestro interior con la misma actitud que tendría un cazador o un pescador: serenamente y expectante. Observando el fluir del pensamiento como si se tratara del tráfico en la avenida, o como si se lo viera de lejos. En esa actitud podemos descubrir los pensamientos que nos enredan, que nos llevan lejos de nuestros objetivos, o que nos dejan pegados a antiguas problemáticas o peleas con otras personas. Y cambiarlos o simplemente "apagarlos". Lo que se obtiene con esto es un "estado de alerta" que permite estar más atento al entorno y sus posibles peligros u oportunidades.

Esa primera fase del darse cuenta lo que habita en nuestra mente es fundamental para comenzar a modificarla.

Desde India, las enseñanzas de Patañjali

La siguiente fase está claramente explicada en los Yoga Sutras de Patañjali, allí se describen cuatro tipos de personalidades que podemos reconocer fácilmente, ya que viven en nuestro interior. También las podemos observaren otras personas que pueden estar transitando estos mismos estados.

Los cuatro tipos de personalidades o de estados mentales son: la persona feliz, la sufriente, la virtuosa y la no virtuosa. Los Sutras nos dan herramientas que hay que cultivar para resolver y estabilizar nuestro interior durante el encuentro con esas personas o con esos personajes internos que nos habitan.

- Hacia la persona feliz la actitud a tomar es la amabilidad.

- Hacia la persona sufriente la actitud a tomar debería ser la compasión.

- Hacia la persona virtuosa la actitud a tomar es la buena disposición.

- Hacia la persona no virtuosa es buena una actitud de neutralidad.

Herramientas de meditación

Con la práctica de meditación podemos mejorar la calidad del diálogo interno utilizando algunos apoyos para focalizar la conciencia en pensamientos que sean positivos y productivos.

Las herramientas típicas de la meditación son:

* Utilizar la respiración como anclaje de la conciencia cuando el tipo de pensamiento no es el deseado.

* Enfocarse en la percepción de las sensaciones que vienen del entorno tales como los sonidos, los aromas o la forma en que se mueve la luz en una planta o un paisaje, a modo de anclaje de la mente. Enfocarse en cualquier cosa que resulte placentera para observar.

* Visualizar un estado de paz relacionado con la luminosidad interior, permanecer en esa alegría.

* Observar permaneciendo alejado del tráfico constante de los pensamientos que fluyen, sin identificarse con ninguno.

Durante la meditación el silencio interior se puede ir estableciendo de a poco. Al principio unos pocos segundos de paz interna son fáciles de hallar y sólo con observarlos se pueden sostener por más tiempo.

Una mente positiva

Una mente positiva y el silencio interior son la base creativa que abre la puerta a mayores beneficios para la vida cotidiana.

* Cuando la mente se maneja en extremos de todo o nada, encontrar la parte positiva y ponerla en primer plano.

* Cuando la mente descalifica la actitud positiva, soltar la burla interna y enfocarse en la alegría.

* Cuando la mente generaliza todo, destacar la parte original y personal de la cuestión.

* Cuando se hace interpretación negativa, buscar inmediatamente una afirmación positiva y repetirla dos veces.

* Cuando se toma todo personalmente, salirse del centro del mundo y leer la situación con objetividad.